sábado, 30 de junio de 2012

TEORÍA DE LA NOVELA POSMODERNA



Gonzalo Navajas, profesor de Literatura moderna de la universidad de California, Irving, publicó Teoría y práctica de la novela posmoderna en 1987. La obra es una colección de ensayos estructurados en torno a la ficción contemporánea. Y según advierte en la introducción, la mayoría de ellos, ya habían sido publicados en revistas como: Ínsula, Hispanic Review, Revista de Occidente.
El libro está organizado en tres apartados. El primero presenta una introducción general sobre la novela española posmoderna. En el segundo apartado se analizan algunas novelas de Carmen Martín Gaite, Juan Goytisolo, Juan Benet, Luis Goytisolo y Vázquez Montalbán. Y en el tercer apartado presenta trabajos sobre la teoría de la ficción y la teoría de la literatura.
En el primer apartado: “Retórica de la novela posmoderna española”, define el posmodernismo como “un movimiento intelectual y estético euroamericano que se separa de la episteme modernista y propone una diferente”1. Cronológicamente lo sitúa al final de la década de los años 50 (Proust, Joyce, V. Wolf) y señala como novelistas españoles destacados de esta tendencia a Luis Martín-Santos, Juan y Luis Goytisolo, Juan Benet, Carmen Martín Gaite etc.
Gonzalo Navajas precisa aún más la definición y dice: “La característica más comprensiva del posmodernismo es su oposición al sistema analítico-referencial que ha predominado en el pensamiento occidental moderno desde la revolución cartesiana y la aparición de la ciencia experimental” (14).
El posmodernismo se opone a un concepto orgánico de la obra y niega la existencia de un orden lineal y una unidad definida en el texto. Frente al significado unitario prefiere la metasignificación, el repertorio múltiple y dialécticamente conectado de significados.
La novela española de estos años (60 y 70 hasta 1975) se aleja del realismo y ofrece una visión del texto novelístico como un objeto autosuficiente que no requiere la confirmación del mundo exterior para existir. Y propone como ejemplos de esta novela posmoderna: La saga/fuga de J. B. de Torrente Ballester, La reivindicación del Conde don Julián, Juan sin tierra de Juan Goytisolo o En el estado de Juan Benet.
Estas novelas manifiestan, de un modo bastante radical, la imposibilidad del conocimiento verdadero del hombre y del mundo. En el texto, con casi nula expectativa ficcional, aparecen figuras que podrían llegar a ser personajes, diálogos, un conato de argumento; pero ninguno de los elementos llega a concretarse en una historia y la novela se disuelve en la nada. Lo único que se ha presentado es la imposibilidad del conocimiento.
La narrativa posmoderna tiende a reducirse, ya que algunos textos posmodernos reivindican de una manera más o menos explícita el silencio, la página en blanco. La obra de Samuel Beckett es de las más radicales con su parquedad conceptual y lingüística.
Nos hallamos ante una literatura implosiva. La novela posmoderna sigue una lógica de vaivén en la que el principio y el fin de la trayectoria ficcional son idénticos: el texto y el autor.
Un buen número de personajes de la ficción posmoderna son mujeres, que rompen con los tabúes sexuales (bisexualidad, lesbianismo) y, además, hay una relación de dependencia entre sexualidad y poder.
Así en Extramuros (1978) de Jesús Fernández Santos, la narradora (hermana en un convento de clausura) escribe el texto de su relación amorosa con otra hermana para dejar testimonio de su sufrimiento y también para lograr un grado de independencia con relación a la hermana amada. Sin duda es importante para la narradora revelar su amor prohibido y silenciado, pero sobre todo lo que pretende es poner de manifiesto, ante su propia conciencia, el sistema de dominación que la otra hermana estableció en sus relaciones amorosas. La narradora se da cuenta, que su amada, la ha utilizado para lograr su ambición personal. Y sólo consigue lo que desea después de la muerte de la amada, cuando ella es capaz de modelar su amor en su mente, según sus deseos y sin intervenciones ajenas.
Después hace un análisis de “El diálogo y el yo” en Retahílas (1974) de Carmen Martín Gaite. La autora, que escribe una novela de comedida renovación narrativa, plantea como tema clave: la comunicación, la búsqueda de interlocutor. La protagonista principal es una mujer, Eulalia, que significa bien hablar y dialoga con su sobrino Germán, cuyo significado, hermano, será propicio para la confidencia; con todo esto Eulalia, con más edad y más experiencia, comenzará la conversación (las retahílas) para que su sobrino la continúe y complete.
Germán y Eulalia rememoran sus vivencias y el deseo de contarlas es tan elocuente, que casi llegan a volver a vivir sus antiguas frustraciones, sus sueños y sus desamores.
La novela es una defensa del diálogo como medio de autodescubrimiento, a partir de una conversación sobre las claves de la vida, entre dos seres que anhelan una realización personal a través del conocimiento de sí mismos.
Aborda también el análisis de Juan sin tierra (1975) de Juan Goytisolo y ésta sí se puede considerar una novela posmodena totalmente alejada del realismo; en ella el novelista elimina los elementos convencionales (protagonista, trama) que integran la estructura de la novela, ya que lo que pretende es que el lector fije su atención en el modo narrativo.
Juan sin tierra es una novela-ensayo, que hace acopio de materiales narrativos y ensayísticos; y lo que da unidad a esos elementos dispares es la dura crítica de los valores establecidos y la revisión de los postulados de la novela realista.
Esta ruptura con la novela realista, a base de buscar un lenguaje nuevo y personal, se nota también en la puntuación (uso con profusión de los dos puntos) y en la disposición tipográfica del texto. Se intercalan textos en idiomas clásicos y modernos, que se elaboran, se hace literatura de otra literatura y se hace ensayo con la novela.
No obstante concluye Navajas este camino transitado por Juan Goytisolo produce repeticiones con relación a Don Julián y Señas de identidad, con lo cual parece ser que Juan sin tierra cierra un periodo.
Titula otro ensayo: “Internalización e ideología” en La cólera de Aquiles de Luis Goytisolo. Y dos temas son tratados con atención preferente en la novela: la naturaleza de la sexualidad y la condición del acto político.
La figura principal que ejerce la sexualidad es la narradora, Matilde Moret, bisexual, ya que estuvo casada con Juan Antonio en el pasado y ahora tiene relaciones íntimas con Camila. Matilde busca en su amante Camila, la satisfacción de un deseo de dominación absoluta.
Otro tema que desarrolla es el de la militancia política, pues en la Dictadura ocupó un lugar privilegiado en la vida de los protagonistas y ahora en el tiempo de la novela recibe acerbas críticas.
Aspecto importante es, también, la implicación del lector en la creación a través de la novela inserta: El Edicto de Milán, cuya autora es Matilde Moret; pues se incorporan juicios del lector y comentarios de la crítica.
La otra obra que analiza Gonzalo Navajas es La rosa de Alejandría de Manuel Vázquez Montalbán, novela perteneciente al género policiaco, en la que se incrustan componentes ajenos al género, como el análisis político o la reflexión intelectual; por lo cual se podría considerar una novela posmoderna.
La rosa de Alejandría, por su parte, presenta una historia tradicional del género policiaco. Se produce un asesinato, la víctima es una mujer. Aparece un detective privado, que llevará a cabo la investigación del caso y sigue el desarrollo normal de una novela policiaca. El lenguaje es funcional. Predomina el lenguaje del hombre de la calle, del trabajador, de la prostituta, del policía.
Los personajes son presentados de forma realista (con pajarita, miope, pálido de plenilunio). El cronotopo también es convencional, si acaso utiliza algún “flashback” como apoyo de la historia que presenta.
Pero lo que excede del género policiaco es la crítica a la sociedad española, recién salida del largo periodo de la Dictadura, que más bien manifiesta una actitud acomodaticia, que un empuje para transformación del país. El narrador muestra su desencanto hacia una sociedad, que no ha sido o no ha querido, emprender una acción revolucionaria y modernizadora de las estructuras sociales.
Por ultimo, el tercer apartado lo dedica al estudio del formalismo ruso y a la teoría de la literatura.
Madrid, 12 de noviembre de 2011
Anastasio Serrano