martes, 14 de junio de 2011

EL SIMBOLISMO NOMINAL en Doña Bárbara (1929) de Rómulo Gallegos





“Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha”1. Así comienza la novela cuyo simbolismo nominal y político trataremos de analizar. Pues bien, los nombres de los trabajadores del hato “Altamira” son normales, sin tintes peyorativos, si acaso Juan Palacios, apodado “Pajarote”, que puede expresar cierto cariño, porque tocaba el cuatro y era un hábil contador de cuentos: “-Echa el cacho, Pajarote” (183); “María Nieves”, “un catire, llanero marrajo, hasta en el nombre que parece de mujer. Ya se irá dando cuenta de la clase de hombre que es” (170) y Balbino Paiba, mayordomo ladrón de “Altamira”, que no rinde cuentas al doctor Luzardo y que luego pasa a prestar sus servicios a Doña Bárbara.
En cambio los nombres de los peones de Doña Bárbara tienen connotaciones peyorativas, así tenemos a Juan Primito, “era el recadero de Doña Bárbara, un bobo con alternativas de lunático furioso, aunque no desprovisto de atisbos de malicia” (275). Juan tenía gran cariño a Marisela, le hacía regalos y le llevaba la comida (las sobras de la peonada de “El Miedo”) al palmar de “La Chusmita”. Melquíades Gamarra, el “Brujeador” (persona práctica en cazar bestias bravías, persiguiéndolas día y noche sin dejarlas pastar ni dormir), es el peón de conjuros de Doña Bárbara. Sabe oraciones y conjuros para sanar a las reses, también es el espaldero preferido de la Doña. Ño Pernalete, que además de la aféresis de Niño, el apodo hace referencia a alguna característica anatómica que no le favorece. Es el Jefe Civil y tiene de Secretario a un obsecuente Mujiquita, que permiten los manejos legales de Doña Bárbara. Los Mondragones, que eran tres, apodados por su bravura y fechorías como el Onza, el Tigre y el León, habían sido ladrones de ganado y luego entraron al servicio de Doña Bárbara.
Guillermo Danger, Míster Danger, es un americano del norte, nacido en Alaska, hijo de un irlandés y de una danesa buscadores de oro, se hace llamar Míster Peligro. Ayudó a Doña Bárbara a desprenderse del coronel Apolinar y en pago de su silencio le permitió construir unos corrales en tierras de “La Barquereña” y pasó de cazador de caimanes a ganadero o ladrón de ganado. Este personaje simboliza la presencia corruptora incipiente de los yanquis en el plano sociocultural y económico. Míster Danger propicia la degradación de Lorenzo Barquero por las garrafas de alcohol que le suministra; además es contrabandista de ganado y soborna al Jefe Civil Ño Pernalete y por último, su degradación llega a querer comprar a Marisela para satisfacer su lujuria. Es un personaje muy negativo, todavía en la actualidad, el Presidente de Venezuela, Hugo Chavez, al referirse a Georges Bush hijo, le llama “Mister Danger”.
Pero vayamos, ahora, a examinar el nombre del hato “Altamira”, que había fundado “en años ya remotos, don Evaristo Luzardo” (131). La fundación del hato puede remontarse a los tiempos de la conquista española y ese terreno fue arrebatado a los indígenas. El nombre de Altamira procede de la cueva del mismo nombre, situada en Santillana del Mar (Cantabria) y contiene las pinturas más importantes de la Prehistoria y es considerada la “capilla sextina” del arte rupestre. En una hipérbole cronológica la antigüedad del hato es semejante a la de la Cueva de Altamira.
Pero el nombre Altamira también puede connotar modernidad: la “alta mira” reformadora y modernizadora que el doctor Luzardo pretende para su propiedad, una vez que decide quedarse. Como vemos dos conceptos nos aporta la palabra Altamira: tradición y modernidad, que habrá que conjugar.
Tenemos, por otra parte, el hato de Doña Bárbara llamado “El Miedo”, y claro este sustantivo ya denota la actitud de su propietaria, que quiere intimidar a peones, a los hatos vecinos como el de “Altamira” e incluso a las fuerzas políticas. Es como si en el hato de “El Miedo” se respirara una atmósfera de venganza.
Pues bien, el dueño de “Altamira”, como se ha dicho, se llama Santos Luzardo, de su nombre podemos deducir santidad, luz y ardor y simboliza el bien frente a Doña Bárbara, autoridad matriarcal, barbarie: el mal. Santos Luzardo, doctor en Derecho, que acude al llano para vender el hato y marchar a Europa, llanero, al fin, es seducido por su tierra. Y primero lleva a cabo una serie de acciones para recobrar la extensión de terreno y reses, que le había arrebatado Doña Bárbara y tiene una idea clara: modernizar la explotación ganadera. Se encuentra con Marisela, hija ilegítima de Doña Bárbara y de su tío Lorenzo Barquero y comienza su labor educativa, que la saca de su rustiquez, actúa de verdadero Pigmalión y luego se enamora de ella. Con la educación de Marisela pretende conciliar la modernidad (lo urbano) y la vehemencia (lo telúrico) del llano para enriquecerse mutuamente. Entre los proyectos reformadores de Luzardo están la cerca de “Altamira”, las queseras e incluso el ferrocarril.
Toda esta actitud reformadora de Santos se enfrenta a las fuerzas del mal de Doña Bárbara y el triunfo no se logra por el imperio de la ley, sino por el amor: se enamora de su hija natural (Marisela), que tuvo con Lorenzo Barquero, a quien destruyó en el pasado. Ante su situación amorosa Doña Bárbara, que rivaliza con su hija por el amor no correspondido del doctor, recordando a Asdrúbal, le cede el terreno a su hija y se retira de la escena sin hacer ruido, pero será al final.
De esta forma el bien se sobrepone al mal y se lleva a cabo la labor educadora y reformista que propone el autor, se legitima el sistema de propiedad y el progreso transformará el llano y su forma de vida libre. Un llano presidido por la “santidad” (rectitud legal), por la “luz” de la ciencia y por el “ardor” del esfuerzo de los llaneros, todo ello como trasunto del pueblo venezolano, como dice al final de la novela: “¡Llanura venezolana! ¡Propicia para el esfuerzo, (…) tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera” (468).
Frente a todo lo anterior tenemos al personaje central de Doña Bárbara, que no en vano da nombre a la novela, su nombre es sinónimo de barbarie. Es el arquetipo del latifundista y, además, una especie de “Femme fatale”, seductora y destructiva, una bruja, “la devoradora de hombres”, “la esfinge de la sabana”. Para subrayar ese poder omnímodo a su hato le puso el nombre de “El Miedo” y uno de los hombres a su servicio es el norteamericano Mr. Danger (Míster Peligro).
Doña Bárbara, personaje complejo, es una precursora de estas hembras que se rebelan contra un mundo dominado por los hombres. De niña fue víctima de una violación y ahora todo lo que busca es venganza, poder y control sobre los hombres. En la vida de Doña Bárbara hay dos hitos importantísimos, el primero en su adolescencia, joven inocente que se enamora de Asdrúbal (ni siquiera su nombre es hispano, sino cartaginés). Barbarita es una guaricha mestiza: ¡De más allá de Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Meta! (…) De allá vino la trágica guaricha” (141), y era hija de india y de blanco aventurero, que perdió a sus padres, apenas adolescente, navega en una piragua con seis hombres haciendo contrabando. El viejo piloto Eustaquio (también nombre no hispano) la protege, porque es hija de una mujer de su tribu y el resto de la tripulación la desea, así se truncó la posible vida feliz de Barbarita, que sí tuvo una ráfaga de felicidad al enamorarse de Asdrúbal: “¿Fue el canto agorero del aire o el propio gemido mortal de Asdrúbal? Fue la descarga repentina de la prolongada tensión nerviosa (…) de un golpe mortal que en aquel momento recibía otro cuerpo: el tajo de “El Sapo” en el cuello de Asdrúbal.
Lo demás sucedió sin que ella se diese cuenta, y fue: el estallido de la rebelión, la muerte del capitán y en seguida la de “El Sapo” (…), y el festín de su doncellez para lo vengadores de Asdrúbal” (142).
Eustaquio y Barbarita vagan por los grandes ríos y ella aprende todas las artes de la brujería. Años después en el recodo de un río encuentra a Lorenzo Barquero, tío de Santos Luzardo, y ya su venganza está disparada. Seduce a Lorenzo Barquero, tiene una hija con él y mediante argucias legales y utilizando un nuevo amante, la devoradora de hombres, logra hacerse con su propiedad y echa al padre y a la hija de sus tierras, así como despide al nuevo amante.
Doña Bárbara pasa de mestiza, que vagaba por los ríos, a propietaria del hato “La Barquereña”, que ella bautizó como “El Miedo” para imponer autoridad, y de parte de otras tierras colindantes como las de “Altamira”. Ella no hace otra cosa que lo que hicieron los antepasados de los actuales propietarios, que se las habían arrebatado al indio durante la conquista. Pero lo hace de modo pacífico, aunque al margen de la ley (ensancha los límites de “El Miedo” a costa de “Altamira” y roba ganado), se sirve de sus amantes e influye en la justicia local. Ella actúa como un verdadero cacique del llano, como una gamonal.
Doña Bárbara, ya poderosa, a los cuarenta años, “era todavía una mujer apetecible, pues si carecía (…) de delicadezas femeniles, en cambio el imponente aspecto de marimacho le imponía un sello original de hermosura: algo de salvaje, bello y terrible a la vez. Tal era la famosa Doña Bárbara: lujuria y superstición, codicia y crueldad, y allá en el fondo del alma sombría una pequeña cosa pura y dolorosa: el recuerdo de Asdrúbal, el amor frustrado que pudo hacerla buena” (154).
La bella marimacho, a los cuarenta años se fascina con el educado doctor Santos Luzardo, pero éste en vez de reparar en ella, se preocupa de rescatar de la pobreza y del alcoholismo a Lorenzo Barquero y a redimir de la ignorancia a la bella Marisela, repudiada por su madre.
La Doña para adquirir sus propiedades no procede de una forma bárbara, sino de un modo pacífico: no hace una guerra de conquista, sino que se sirve de sus armas de mujer, de los resquicios de la ley y de la corrupción, de esta forma restituye a su parte mestiza guaniba las tierras que su madre perdió.
Santos Luzardo, por su parte, aparentemente innovador, modernizador, es simplemente restaurador del orden alterado, no permite que la propiedad pase a manos de advenedizos. Sin embargo la actitud de Doña Bárbara es innovadora, pervierte con sus manejos de la legalidad del poder y altera el plan inamovible que como mestiza la relega a la pasividad.
La novela, Doña Bárbara, presenta tres tipos de relaciones distintas con el llano: una es colonial e idealizada, cristalizada en la herencia de los Barquero y los Luzardo; otra la de Doña Bárbara, que es transversal y moderna, que no utiliza la guerra para adquirir la propiedad sino las argucias legales y la tercera relación es la restauradora del orden antiguo a través de Santos Luzardo. Mientras Doña Bárbara quiere dar protagonismo a los originarios pobladores del llano, Santos Luzardo (el innovador) promueve la devolución de antiguos privilegios de clase sin que se ponga en cuestión el modo en que se adquirieron.
Hay un último hito definitivo que termina la trayectoria vital de Doña Bárbara con un acto de generosidad, un final romántico, un poco contradictorio con lo que venimos diciendo, que es cuando Doña Bárbara entrega a la memoria de Asdrúbal su propiedad y su dominio de la tierra, inmolándose a favor de la hija y del antiguo orden colonial, sin duda un acto de amor, del verdadero amor que sintió por Asdrúbal. Así lo relata el narrador en la escena final en la que Doña Bárbara, decidida a quedarse con Santos Luzardo, apunta al corazón de Marisela, recuerda a Asdrúbal y enfunda el revólver: “Así llegó a las fundaciones de Altamira (…) vio a Luzardo sentado a la mesa con Marisela. Doña Bárbara avanzó hasta el alcance de un tiro de revólver. Detuvo el caballo (…) y con fruición asesina, sacó el arma y apuntó al pecho de su hija, que hacía blanco a la luz de la lámpara. (…) el arma bajó sin haber disparado y , lentamente volvió a la cañonera de la montura. Puesto el ojo en la mira que apuntaba al corazón de la muchacha embelesada, Doña Bárbara se había visto de pronto, a sí misma, bañada en el resplandor de una hoguera que ardía en una playa desierta y salvaje, pendiente de las palabras de Asdrúbal, y el doloroso recuerdo le amansó la fiereza.
Se quedó contemplando largo rato, a la hija feliz, y aquella ansia de formas nuevas que tanto le había atormentado tomó cuerpo en una emoción maternal desconocida para su corazón.
- Es tuyo. Que te haga feliz” (463-463).
Esta Doña Bárbara, violenta y dominante, no es capaz de olvidar su amor frustrado de juventud, que cuando ve a Santos Luzardo siente renacer. Desde luego no es Santos Luzardo quien derrota a Doña Bárbara, sino que ella impulsada por el sentimiento amoroso, intenta con sus concesiones atraerlo y al no poderlo conseguir abandona “El Miedo” y deja como única heredera a su hija Marisela.
El éxito final de Santos Luzardo no es tanto fruto de su acción civilizadora como el resultado del amor que despierta en Doña Bárbara y Marisela. Le peripecia novelesca se impone al mensaje de la novela.
BIBLIOGRAFÍA:
Gallegos Rómulo, Doña Bárbara, (Edición de Domingo Miliani), Cátedra. Letras Hispánicas. (10ª edición). Madrid, 2010.
-: Prólogo de Carmen Boullosa. Edit. Siruela. Madrid, 2010
-: Introducción de José Carlos González Boixo. Espasa-Calpe. Madrid, 1991
-: Prólogo de Nora Catelli. Círculo de Lectores. Barcelona, 1996
-: Prólogo de Juan Liscano. Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1985
-: Introducción de Rene L. Durand. Librería Española. París, 1968



Madrid, 28 de marzo de 2011


Anastasio Serrano

2 comentarios:

Eladio Arias dijo...

excelente analisis, solo basta leerlo para ver el plano del simbolismo narrativo empelado en la magna obra literaria venezolana, dejada por nuestro maimo escritor Don Romulo Gallegos. el mal es temporal pero la verdad y la justicia impera por siempre.

Alejandro Palma dijo...

soy taxista , de 56 años , en la isla de margarita . algunos de mis compañeros desconocen la obra , apenas cursaron la primaria y eso me entristece , los jovenes igual desconocen quien fue en la novela santos luzardo , y asi ..... creen que el padre de la patria era hugo