miércoles, 20 de junio de 2012

ESTRUCTURA Y SIGNIFICADO DE CAMINO DE PERFECCIÓN de Pío Baroja




La génesis de Camino de perfección debió de ser larga y lenta, hasta que Baroja a comienzos de 1901 empezó una rápida elaboración del material reunido por escrito o conservado en la memoria.

La novela se publicó por entregas en el folletín de La Opinión, Diario de Madrid, político, literario y de información, desde el 30 de agosto de 1901 hasta el 6 de octubre del mismo año.

Pero antes de aparecer la primera entrega de su novela, Baroja publicó el artículo titulado >>Domingo en Toledo<< en Electra, nº 2, 23.III.1901. Este artículo corresponde con algunas variantes al capítulo XXX de C d P, y en el tenemos la primera versión conocida del episodio del ataúd blanco en Toledo, que Martínez Ruiz incorpora a Diario de un enfermo, y repite, casi exactamente en La voluntad (II, iv). Asimismo publicó en Electra, >>El amigo Osorio<<, 13.IV.1901 y corresponde al capítulo I, le siguen >>Nietzsche íntimo<<, I en El Imparcial, 9.X.1901, capítulos: XIII y XIV; >>Ciudad sin alma<< en Juventud, 1:XI.1901, capítulo XXXIII y >>Nietzsche íntimo II<< en El Imparcial, 7.XI.1901, capítulos XIII-XIV. Todos estos trabajos que aparecieron antes de su publicación en folletín e incluso después, al pasar a la novela sufrieron algunas modificaciones.

Después Baroja publicó Camino de perfección en libro, no consta la fecha exacta, pero debió ser entre finales de febrero y principios de marzo de 1902; porque el 16 de marzo de ese año, Martínez Ruiz saca una reseña en el Heraldo de Madrid. Baroja le había enviado un ejemplar con la siguiente dedicatoria: “A mi querido amigo Martínez Ruiz, Fraternidad”.

El editor de C de p fue Bernardo Rodríguez Serra, joven editor, que había iniciado su labor en Madrid en los amenes del siglo XIX. Su proyecto pretendía ser una alternativa a la editorial “España Moderna” de José Lázaro Galdeano. Rodríguez Serra murió muy joven, poco después de publicar C de p y la actividad editorial fue continuada por su esposa hasta 1910.

Para presentar la novela, su editor, apoyado por Martínez Ruiz (Azorín), organizó un banquete en el “Mesón Barcelona”, calle San Miguel, 27 de Madrid. Acudieron Benito Pérez Galdós, Ortega Munilla, Mariano de Cavia, Ramiro de Maeztu, Silverio Lanza y otros muchos escritores jóvenes. El Imparcial del 26 de marzo de 1902 daba una amplia reseña de la cena-homenaje a Baroja, publicando el texto de la pintoresca tarjeta de invitación, obra del todavía José Martinez Ruiz, que dice así:


“YANTAR: Cazuela de arroz con despoxos, Alcaucies rellenos, Terneruela apedreada con limón ceutí, pescado cecial, Cordero asado, Frutas, Queso, Valdepeñas tresanexo, Brebaxe de las Indias “.

Sigue la nota de El Imparcial:
“Martínez Ruiz leyó a los postres una interesante y elocuente alocución que sintetiza las aspiraciones literarias de la juventud allí reunida (…). Ramiro de Maeztu leyó también un brevísimo brindis en honor del autor de La casa de Aizgorri y de la nueva literatura (…) Silverio Lanza habló con ingenio fresco y riente. Su discurso fue un análisis de los principales personajes de las novelas de Baroja. Habló Mariano de Cavia para decir a los modernistas que (…) “el presente está preñado de porvenir” (…) el hoy que aplaudimos es hijo del ayer. El ayer que debemos aplaudir es don Serafín Baroja, padre del autor de Camino de perfección.
A las once terminaba el banquete, yantar o colación, que fue en todo y por todo digno del objeto a
que se destinaba”1.

Martínez Ruiz da la noticia literaturizada en La voluntad (II, v) en los siguientes términos:

 “Toda la prensa de la mañana da cuenta del banquete con que la juventud celebró anoche la publicación de la flamante novela de Olaíz (Baroja), titulada Retiro espiritual…

Azorín lee El Imparcial, que refiere (…) el acto. Inició el brindis, leyendo un corto y enérgico discurso, Azorín (…) Después Azorín coge El Liberal. En El Liberal ha hecho la reseña un antiguo compañero suyo. Y Azorín ve con sorpresa que los nombra a todos sin faltar uno menos a él, al propio Azorín” 2 .


En efecto, en El Liberal del 26 de marzo de 1902, entre la lista de los comensales no figura el nombre de Martínez Ruiz. No sabemos quién sería el viejo amigo que le ha ninguneado.

Síntesis argumental:
Camino de perfección, tercer libro de la trilogía, “La vida fantástica”, publicado en 1902, precedido de Aventuras, inventos y mistificaciones de Silvestre Paradox y Paradox, rey, aunque las historias son independientes. El título parodia la literatura mística de Santa Teresa de Jesús, y el subtítulo,”Pasión mística”, confirma la parodia. Quizá establece un diálogo crítico con la interpretación de las tres vías místicas: purgativa, iluminativa y unitiva.
Fernando Osorio, el protagonista de C de p es presentado en los primeros capítulos como un hombre enfermizo y neurótico. Ha abandonado a su familia y se ha refugiado en la religión tradicional por influencia de su educación recibida en los escolapios de Yécora (sin duda la Yecla azoriniana de La voluntad). Abandona sus estudios de medicina y se entrega a la pintura. Fernando Osorio es rentista, una importante herencia le obliga a vivir con unas tías suyas. La pasión mística domina su voluntad, aunque convive con el erotismo que le inspiran las relaciones con su tía Laura. Estas dos tendencias enfrentadas: pasión mística y erotismo, le incitan a buscar algo, que dé sentido a su vida lejos de la hipocresía burguesa y sale de Madrid. En El Paular se encuentra con el alemán Max Schultze y hablan de filosofía, de Nietzche
Después F. Osorio de dirige a Toledo (la ciudad mística); realiza una peregrinación a un enigmático ambiente de soledad y silencio. Renace el misticismo y las fantasías eróticas de sus aventuras soñadas con una monja y con Adela, hija de la pensión donde se hospeda; pero huye de Toledo para no consumar su furor sexual.

 “Después de haberle fallado la religión, el arte (la pintura) y los sentidos (una combinación típicamente modernista)- dice D. Show-3; el narrador explora tres vías diferentes para reconciliarse con la vida. La primera mantenida en reserva hasta el final es el amor. La segunda es la adquisición de un ideal ético consciente y llega después de que F. Osorio ha resistido la tentación de seducir a Adela. La tercera es el ejercicio y vitalismo nietzcheano, que le había propuesto Max Schultze, es la aceptación de la vida por sí misma ignorando todo contenido trascendental”.

Viaja, después, a Yécora, recorre el pueblo, donde se respira un ambiente hostil a todo lo que sea expansión, elevación del espíritu y simpatía humana. Abandona Yécora y se instala en Marisparza, donde mejora y sana su misticismo religioso y se trasforma en un hombre más fuerte. Allí las gentes son cordiales.
Aparece, más tarde, en un pueblo costero de Castellón y vive con unos familiares. Se siente curado de su misticismo religioso y regenera su existencia con la primavera levantina. Se enamora de su prima Dolores, derrota a garrotazos a su rival, Pascual Nebot (antiguo novio de dolores) y se casa. Ha logrado el equilibrio.
Vemos dos años más tarde al matrimonio de Fernando y Dolores y al heredero con buena saluda mental, que él no pudo tener: “Y pensaba que había de tener cuidado con él, apartándole de ideas perturbadoras, tétricas, de arte y de religión”. Pero el narrador, irónico y escéptico, apunta un nuevo conflicto: “Mientras Fernando pensaba, la madre de Dolores cosía en la faja que habían de poner al
niño una hoja doblada del evangelio”4.

Estructura:
Camino de perfección se compone de LX capítulos numerados con romanos, que suponen el recorrido físico y espiritual por tres regiones de la geografía española, que coinciden con las tres etapas de la evolución espiritual del protagonista: las vías purificativa, iluminativa y unitiva, en un acercamiento místico al Dios-naturaleza. No se trata de un camino de perfección al modo teresiano, de un misticismo ortodoxo, sino de in misticismo panteísta y la meta de ese camino será el Dios que se manifiesta a través de la naturaleza.
Así pues, podemos dividir la estructura de Camino de perfección en cuatro partes enmarcadas por un prólogo y un epílogo.
La estructura de Camino de perfección (Sol T. Manuel, 1985:64-65) presenta una gran simetría entre sus partes. La primera parte tiene la función de presentar al protagonista y apuntar los temas principales y consta de siete capítulos.
La segunda parte o etapa purificativa narra la purificación sensitiva y espiritual del protagonista. Consta de 22 capítulos, divididos en dos subunidades: la A de 10 y la B de 12, que coinciden con la purificación sensitiva y espiritual. Es la parte más extensa de la novela, porque en ella se narran las penalidades, que Frenando Osorio tiene que ir superando para alcanzar la perfección física y espiritual.
La subunidad A narra el castigo físico que sufre Fernando durante su peregrinaje desde que sale de Colmenar hasta que llega a ese “lugarón tétrico”, entre Illescas y Toledo, donde la expiación física alcanza su clímax.
La subunidad B se centra en la lucha que tiene que librar Fernando contra las pasiones, principalmente contra el deseo sexual. Fernando antepone el amor al egoísmo, el espíritu a la satisfacción del instinto.
La tercera parte o etapa iluminativa se ocupa de las consideraciones de Fernando sobre la oposición vida-muerte y su determinación de aferrarse a una concepción vitalista del mundo. Consta de 12 capítulos en simetría con los 12 de la subunidad B de la segunda parte.
La cuarta parte o etapa unitiva nos presenta la unión del protagonista con la vida, con la Naturaleza. Tiene 10 capítulos en simetría con la subunidad A de la segunda parte.
El epílogo nos muestra que no basta con tener una concepción vitalista del mundo, ni vivir en unión con la Naturaleza, porque la vida siempre supone muerte: el tema del eterno retorno. El epílogo tiene una clara correspondencia con el prólogo en la medida que ambos constan de un solo capítulo, y que la acción de ambos está separada de la narración por un intervalo de varios años.
Además hay un claro paralelismo por contraste, debido a que el prólogo nos presenta a un hombre inmerso en la vida de la ciudad, desorientado, enfermo, abúlico, cuyas preocupaciones intelectuales (arte y religión) le han quitado la alegría de vivir; y el epílogo presenta a un hombre inmerso en la vida del campo, de la Naturaleza, con las ideas claras, dueño de sí mismo, que desea para su hijo, prolongación de sí mismo, una vida libre de “ideas perturbadoras, tétricas, de arte y religión”. Lástima de la coda.

Personajes:
Fernando Osorio es el personaje protagonista indiscutible de de C de p. Es un personaje decadente, que lucha entre la abulia y la voluntad. En el prólogo y en la primera parte aparecen palabras como “degenerado”, histérico”, o expresiones como “algún resorte se ha roto en mi vida” (I, 11), “siento la vida completamente vacía” (II,16), “tengo el pensamiento amargo (…) Yo creo que es cuestión de herencia” (II,17).
El personaje, pues, está definido desde una perspectiva interna, la de Fernando, y externa, la del narrador-testigo, como un degenerado, un abúlico y un histérico; y su modo de actuar en la primera y segunda parte confirma esta definición.
En la primera página de la novela nos dice el narrador que había visto a Fernando en la sala de disección quitando un escapulario de un cadáver, pues coleccionaba cintas y medallas que traían los cadáveres que llegaban al depósito. Hay, pues, en Fernando ciertas manías enfermizas y una tendencia sadomasoquista.
El ambiente que le rodea, está presentado con rasgos de decadencia finisecular. La sala de la casa, “tenía un aspecto marchito que agradaba a Fernando” (V, 36). El ambiente moral también es de una gran decadencia: abandona sus amistades de bohemia y empieza a reunirse con señoritos viciosos. Vemos que Fernando es un personaje típico de la literatura finisecular, el modernismo.
Otro de los rasgos de su personalidad es su misticismo, la novela se titula, como sabemos, Camino de perfección (Pasión mística). Pero, ¿cómo se entendía el misticismo hacia finales del siglo XIX? Guillermo Díaz- Plaja al estudiar el libro de Max Nordau, Degeneración, dice que el misticismo se podía resumir como “una cierta incoherencia de pensamiento, obsesión, excitabilidad erótica y una vaga religiosidad”5.
Así pues, la conducta de Fernando Osorio con sus excitaciones eróticas, sus alucinaciones y sobre todo, sus vagas ideas sobre la religión, son el resultado de esa idea de misticismo, que Baroja trata de explicar como influencia del ambiente social, familiar y hereditario.
Otra característica de Fernando es su rebeldía contra la religión. Fernando se había criado entre la fe de su nodriza y la incredulidad de su abuelo. Agravada esta situación con los dos años reclusión en los escolapios de Yécora, así lo describe:

 “Era el colegio, con su aspecto de gran cuartel, un lugar de tortura; era la prensa laminadora de cerebros (…), la que cogía los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvía a la vida (…) idiotizados, fanatizados, embrutecidos” (XXVII, 229). “Allí- había dicho Fernando en el prólogo- me hice vicioso, canalla, mal intencionado; adquirí todas esas gracias que adorna a la gente de sotana y a la que trata de intimar con ella” (I, 11).

Siguiendo con esta actitud antirreligiosa, en Madrid, estando con Laura (su tía) se propone besarla y acariciarla en el interior de la iglesia de San Andrés, Laura se escandaliza y le señala la presencia de un Cristo. Fernando por la noche tiene una alucinación y empieza a ver a un Cristo que lo miraba: “No era un Cristo vivo de carne, ni una imagen de Cristo; era un Cristo momia (…), que parecía haber resucitado de entre los muertos, con carne, huesos y cabellos prestados” (VII, 52).

En Toledo las visitas que hace a la iglesia de Santo Tomé para contemplar “El entierro del conde de Orgaz”, le excitan su espíritu. El cuadro parece asegurarle la existencia de una vida más allá de la muerte, pero las caras de los severos castellanos que contemplan el sepelio, expresaban un misterio y le perturban.
Durante su estancia en Toledo, la ciudad mística, se pregunta si había nacido para místico y con este propósito visita conventos, en uno de ellos cree descubrir a su alma gemela en Sor Desamparados. Lee los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y asiste en las iglesias a los oficios divinos. A pesar de ello la fe no llega a su alma. Pero en medio de tal confusión, empieza a vislumbrar que la única salida será el amor: “La única palabra posible era amar. ¿Amar qué? Amar lo desconocido, lo misterioso, lo arcano, sin definirlo, sin explicarlo” (XXV, 158). Por eso la gran mística Santa Teresa había dicho. “El infierno es el lugar donde no se ama” (159).
Entonces a través del amor empieza a pensar en los demás y a replantearse su vida sobre una base nueva: el amor. Renuncia a Adela, que le recuerda a Ascensión, la muchacha de Yécora, que había seducido años atrás. Fernando ha descubierto que el único camino es el amor, después añadirá el trabajo, así concluirá el ‘camino de perfección’.
Fernando ha triunfado, ha vencido la abulia, se ha curado física y espiritualmente; se ha reintegrado a la Naturaleza. Se casa con Dolores, después de vencer la oposición del padre de Dolores y derrotar a su rival, Pascual Nebot, novio de Dolores. Mediante el matrimonio con Dolores- madre-naturaleza- y con su hijo ha terminado cu camino de perfección. De ser, al principio un ‘degenerado’ acaba siendo un individuo regenerado.
¿Qué nos dice Baroja de Fernando Osorio?:

 “El tipo del personaje a quien llamé F. Osorio lo conocí muy poco. Le vi dos o tres veces, siendo yo estudiante del doctorado (…), y era amigo de un compañero mío médico. Él también había estudiado Medicina en Barcelona. Era joven y elegante (…), muy anticatalán (…) se mostraba lector entusiasta de Baudelaire y un poco decadente y satánico. Dijo que las mujeres no tenían interés, porque eran vulgares (…) Que para él El Greco era el primer pintor del mundo, y Bach, el mejor músico (…) No sé qué haría este joven. No oí hablar después de él (…) Este tipo, sin duda, lo engarcé yo con el
pesimista, cuya novela había escrito cuando era estudiante y de aquí salió Camino de perfección”6.

Los otros personajes masculinos son Max Schultze, que es un alemán de Nuremberg, a quien encuentra en El Paular. Es devoto de la filosofía de Nietzsche y habla con Fernando de filosofía y de sus inquietudes. Scultze7 le dice a Fernando “que le conviene castigar el cuerpo para que las malas ideas se vayan” (XV, 97). También le recomienda leer a Nietzche. Será su guía espiritual.
El arriero Nicolás Polentinos, de un estoicismo senequista, es su compañero de viaje de Segovia a Illescas. Por otra parte: “La palabra del ganadero le recordaba el espíritu ascético de los místicos y de los aristas castellanos; espíritu anárquico cristiano, lleno de soberbias y de humildades, de austeridad y de libertinaje de espíritu” (XVII, 120).
Sin embargo los personajes femeninos tendrán, como veremos, más importancia en el itinerario físico y espiritual de Fernando Osorio.
Seis mujeres de muy distinta personalidad influyen en la existencia de Fernando Osorio: Blanca, Laura, Sor Desamparados, Adela, Ascensión y Dolores.
Blanca, la mujer vestida de negro, “delgada, enfermiza, ojerosa”, que tan misteriosamente pretende atraer a Fernando, tiene muy poca influencia en la evolución de Fernando.
Laura, absorbente y aniquiladora, contribuye con su voraz erotismo a impulsar a Fernando al peregrinaje, que es la base estructural de la novela. Laura tiene relaciones homosexuales con su doncella u eso es precisamente lo que atrae a Fernando Osorio, sus tendencias sexuales anormales.. Laura objeto de la ciega pasión de Fernando es presentada como una mujer ambigua, masculina en su aspecto, virago y de un violento atractivo sexual. Fernando establece con ella una relación voluptuosa, con rasgos sadomasoquistas, y el único nexo entre ellos era el odio, no el amor.
Sor Desamparados, surge tras la reja del coro, en el convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo, la hermana Desamparados, alta, pálida, delgada, “en cuyos ojos se leía el orgullo, la pasión (XXIX, 183). Este súbito y romántico amor por la monja, tiene algo de satanismo finisecular y de antirreligiosidad, que casa bien con el espíritu desequilibrado de Fernando en esta etapa. Sin embargo no logra seducir a la monja.
Se propone, entonces, seducir a Adela, una muchacha de 18 años, una de las hijas de la pensión donde se hospeda en Toledo; y cuando la iba a poseer: “Osorio entró en el cuarto, cogió a la muchacha en sus brazos, la estrujó y la besó en la boca. La levantó en el aire para dejarla en la cama, y al mirarla la vio pálida, con una palidez de muerto, que doblaba la cabeza como un lirio tronchado” (XXX, 196); renuncia a ello; el acto le recuerda la seducción de Ascensión en Yécora y allí dirige sus pasos.
Visita a Ascensión, la encuentra envejecida y triste, llena de odio y no quiere verle. Con el rechazo de Ascensión, Fernando se libra, al fin, del lastre del pasado: sus inclinaciones morbosas, místicas y románticas; y le permite hacerse cargo de su propia vida, como se demuestra en el capítulo XLVI con el cambio de narrador, siendo el propio Fernando, quien en primera persona nos cuente el nuevo rumbo que va a tomar su vida.
Dolores, la mujer cristiana, sencilla, es la que logra anclar a nuestro héroe ofreciéndole un amor doméstico. Pero ante todo, Dolores es el símbolo de la Naturaleza, de la vida: “en su alma y en su cuerpo (…), creía Fernando que cabía más ciencia de la vida que en todos los libros” (LVII, 321-322).
En las relaciones con Ascensión, Blanca y Laura, predomina el instinto, el sexo, la voluptuosidad. Entre él y Ascensión no había verdadero amor, ni siquiera palabras tiernas, sencillamente deseo: “Al principio la muchacha opuso resistencia, se defendió como pudo, (…), después se entregó, sin fuerzas, con el corazón por el deseo, en medio de aquel anochecer de verano ardiente y voluptuoso” (XXXI, 198). Años más tarde, Fernando recordará su complejo de culpa ante tal situación y tratará de explicarlo por la influencia educativa recibida en Yécora, en donde le habían enseñado a considerar listo al hombre que engaña, a despreciar a la mujer seducida y a reírse del marido burlado.
Blanca, la mujer vestida de negro, no ejerce más que una atracción pasajera en Fernando.
Con Laura la pasión erótica alcanza su clímax. No se contentan con la satisfacción sexual, sino que llegan al sadomasoquismo: “A Fernando le parecía una serpiente de fuego que le había envuelto en sus anillos y cada vez le estrujaba más y más” (V, 44); o “al lado de aquella mujer soñaba que iba andando por una llanura castellana, seca, quemada y que el cielo era más bajo, y que cada vez bajaba más, y él sentía sobre su corazón una opresión terrible” (VI, 46). Esta mujer, con su amor voluptuoso, sadomasoquista y perturbador, lo empuja a la naturaleza en busca de la paz deseada.
Sor Desamparados, monja de Toledo, es una mujer de cara pálida, ojos negros “llenos de fuego y pasión” (XXIX, 184), víctima de la sociedad, de la religión, condenada a vivir enclaustrada y sin amor. La pasión que siente Fernando por ella sirve para retar a la sociedad, romper sus tabúes, ya que la religión coarta y reprime los sanos instintos naturales.
Fracasada esta aventura de Sor Desamparados, intenta seducir a Adela, una chica sencilla y buena, que pensaba que para casarse bastaba con saber arreglar la casa. La tentativa también fracasa por voluntad propia, porque Fernando empieza a descubrir el verdadero amor y a vencer sus instintos: “no, no era sólo el animal que cumple con una ley orgánica: era un espíritu, una conciencia” (XXXI, 197).

De estas seis mujeres
“son - como dice José Ares Montes- Laura y Dolores- el malo y el buen amor- quienes más influyen en la vida de Osorio: la primera absorbente y aniquiladora, contribuye con su voraz erotismo a impulsar a Fernando al peregrinaje que es la base estructural de la novela, mientras que Dolores, la mujer cristiana y hogareña, es quien consigue varar a nuestro héroe ofreciéndole un amor doméstico y domesticado”8.

Los personajes femeninos desempeñan una función importante en la trayectoria espiritual del protagonista y en la estructura de la novela. Así en la primera parte, centrada en Madrid, estado inicial de la degeneración, Blanca y Laura ocupan el espacio libre que deja el protagonista. En la segunda parte, subunidad B, centrada en Toledo, la ocupan Sor Desamparados y Adela, que demuestran la capacidad de Osorio de relacionarse con el exterior de una forma normal, no conflictiva, no como con su tía Laura. Las partes tercera y cuarta abarcan los episodios centrados en Yécora, Marisparza y un pueblo de la provincia de Castellón, y los personajes femeninos son Ascensión y Dolores, que representan, la primera el rechazo del pasado, presidido por el mal (la degeneración) y Dolores simboliza el matrimonio espiritual con Dios o con la vida natural y el equilibrio psicológico (la regeneración individual), en el que se darán fundidos, el amor físico y el espiritual, esto es el verdadero amor.

El paisaje
En Camino de perfección (Ares Montes, 1972: 511-515) existe otro protagonista testigo del deambular de Fernando Osorio que es el paisaje. Las descripciones de los paisajes se ajustan al estado de ánimo de Fernando en las diferentes etapas de su camino llamado irónicamente de ‘perfección’; porque su contacto con cualquier manifestación de misticismo (Toledo: sus iglesias, sus conventos, el Greco) o del ascetismo (San Ignacio de Loyola) acaba exacerbando su estado de ánimo, en vez de curarlo. Sólo el contacto con la Naturaleza le sana y rellena de vida.
El camino, la peregrinación de Fernando Osorio desde Madrid hasta un pueblo costero de la provincia de Castellón ofrece una gran variedad de paisajes. Así pinta los alrededores de Madrid:

 “El cielo estaba puro, limpio, azul, transparente. A lo lejos por detrás de una fila de altos chopos del Hipódromo, se ocultaba el sol, echando sus últimos resplandores naranjados sobre las copas verdes de los árboles (…).
La sierra se destacaba como una mancha azul violácea, suave en la faja del horizonte cercana al suelo (…). Al ocultarse el sol se hizo más violácea la muralla de la sierra (…)
Sopló un ligero vientecillo; el pueblo, los cerros, quedaron de un color gris y de un tono frío; el cielo se oscureció (…)
-¡Condenada Naturaleza!-murmuró Osorio-. ¡Es siempre tan hermosa!” (II, 15-16).

Sin duda hermosa a través de la visión tétrica, que de ella nos da Baroja en sus paisajes castellanos. Es un paisaje a veces nítido, plástico como el fondo de un cuadro de Patinar. Es un paisaje dramático, vivo que proyecta la pasión de Fernando. Veamos un ejemplo del atardecer en la sierra:

 “Pasaban nubes blancas por el cielo y se agrupaban formado montes coronados de nieve y de púrpura; a lo lejos, nubes grises e inmóviles parecían islas perdidas en el mar del espacio con sus playas desiertas. Los montes que enfrente cerraban el valle tenían un color violáceo con manchas verdes de las praderas” (XV, 99).

Una de las cosas más significativas en la sucesión de paisajes que presenta Camino de perfección es el violento contraste entre la visión del paisaje castellano y el levantino, con lo que quiere expresar el estado de ánimo de F. Osorio y no la diferencia natural entre las dos regiones. Los adjetivos “tétrico, lúgubre, siniestro, repulsivo, infernal, roñoso, estéril, árido, desolado calcinado”, y los sustantivos “polvo, sangre, amarillez y melancolía”, abundan en los primeros capítulos, que son los que corresponden a las tierras castellanas y manchegas. En cuanto a los seres humanos hay “hombres sañudos”, tipos de aspecto brutal y de mala catadura; las mujeres tienen “carnes duras”, denegridas, terrosas y las miradas son hoscas y pérfidas. En Segovia sólo ve”unas cuantas viejas con caras melancólicas y expresión apagada y señoritillas de pueblo que cantaban canciones de zarzuela madrileña” (XVI, 109). Son frecuentes las comparaciones siniestras: “las casas de Segovia son amarillentas, ictéricas, de maderaje al descubierto, de tejados viejos, roñosos con manchas de sangre coagulada”; y más adelante: “Los pináculos de la catedral parecían cipreses de algún cementerio” (XVI, 113-114); de Illescas dice el narrador: “unas cuantas tapias y casas blancas que parecían huesos calcinados por un sol de fuego” XIX, 129).

Todo este paisaje cambia cuando Fernando se adentra en la región levantina y no sólo por el cambio geográfico, sino por el cambio de estado anímico. Los adjetivos que ahora aparecen son de signo positivo: encantador, luminoso, claro, sonriente, agradable, armoniosos. Hay dos únicas notas negativas, que se encuentran en estos últimos capítulos, que presagian algo inquietante. La primera es cuando Fernando y Dolores viajan en tren hacia Tarragona y contemplan un faro en la noche: “Producía verdadero terror aquella gran pupila roja brillando sobre un soporte negro e iluminado con un cono de luz sangrienta el mar y los negruzcos nubarrones del cielo” (LVIII, 327). En el capítulo siguiente Dolores anuncia a Fernando que va a tener un hijo: es la niña que murió a las pocas horas de nacer. La segunda nota negativa aparece en el último capítulo. Han tenido un nuevo hijo, Fernando hace proyectos sobre su educación: “El día era de final de otoño (…); el viento soplaba con fuerza; bandadas de cuervos cruzaban graznando el aire” (LX, 333). Y las últimas palabras de la novela reflejan el dudoso éxito del proyecto educativo de Osorio para su hijo: “Y mientras Fernando pensaba, la madre d Dolores cosía en la faja que había de poner al niño una hoja doblada del Evangelio”.

El punto de vista narrativo
En cuanto al punto de vista de la narración, los dos primeros capítulos están escritos en primera persona, pero en pasado, por un narrador-testigo: “Entre los compañeros que estudiaron medicina conmigo, ninguno tan extraño y tan digno de observación como Fernando Osorio” (I, 7). Los capítulos III al XLV están escritos en 3ª persona por un narrador con una omnisciencia parcial, su omnisciencia total sólo afecta al protagonista, en quien está focalizada la narración. El narrador desconoce lo que pasa o pasó en el interior de los personajes. Pero en el capítulo XLVI hasta el LVI se vuelve a la 1ª persona. Es Fernando, quien a modo de diario se hace responsable de sus decisiones. Hay una intromisión circunstancial de Baroja para introducir las confidencias de Osorio: “¿Fue manuscrito o colección de cartas? No sé; después de todo, ¿qué importa? En el cuaderno de donde yo copio esto, la narración continúa, sólo que el narrador parece ser, en las páginas siguientes, el mismo personaje” (XLVI, 177).
De este modo será el propio Fernando, quien nos contará su llegada a la casa de sus tíos y, sobre todo, la atracción por su prima Dolores, y todo ello frente al Mediterráneo (en un innominado pueblo costero de Castellón), con un paisaje grato, apacible y sugestivo para Fernando. Estamos lejos de la tierra seca y calcinada, de la mujer implacable e incansable, de sexualidad agresiva y bestial de su tía Laura.
En el capítulo LVII vuelve la narración a la tercera persona9 y Fernando ya está casado con Dolores. Todo le parece lleno de encanto y vuelca su ternura en su mujer. Ella es vista como un “gran río adonde afluía él. Sí, era ella el gran río de la Naturaleza, poderosa y fuerte” (LVII, 321), y a ella afluye él. Fernando siente culminar esa plenitud de vida alcanzada, ese ‘camino de perfección’ y quiere proyectar de cara al futuro las victorias que no había conseguido consigo mismo. Ve al niño dormido en la cuna, “como un pequeño luchador que se apresta pata la pelea, y pensaba que había que tener cuidado con él, apartándole de las ideas perturbadoras, tétricas, de arte y religión” (LX, 334).
Pero lo irónico en Camino de perfección es que a todos los proyectos pedagógicos para su hijo recién nacido: “No, no le torturaré (…) con estudios inútiles, con ideas tristes, no le enseñaría símbolo misterioso de religión alguna (…) Él dejaría a su hijo libre con sus instintos: si era león no le arrancaría las uñas; si era águila no le arrancaría las alas” (335). Y a todo ello respondía la abuela del niño queriéndole preparar también su futuro, de una manera a la del padre, aplicándole el símbolo religioso: la hoja doblada del Evangelio en la faja.
¿Pesimismo final, después del optimismo de los cuatro últimos capítulos? Realismo amargo, más bien, ya que es muy difícil ganar la batalla contra los símbolos seculares y las creencias seculares arraigadas. También parece sugerirnos, el individualista Baroja, que el ‘camino de perfección’ ha de recorrerlo cada uno.

Significación
En cuanto a la trayectoria editorial de Camino de perfección, se publicó, como se ha dicho, primero en el folletón de La opinión de Madrid en 1901; después aparece publicado en libro por Bernardo Rodríguez Serra, Editor en Madrid en 1902. En 1913 sale la segunda edición por la Editorial Renacimiento. Rafael Caro Raggio, cuñado de Pío Baroja, sacará la tercera en 1920, que repetirá en 1925. En 1934 la publica Espasa-Calpe. En el tomo sexto de las Obras Completas (Biblioteca Nueva, Madrid, 1948), pero con algunos fragmentos suprimidos por la censura. Luego viene la edición conmemorativa del centenario del nacimiento de Pío Baroja por Caro Raggio Editor en 1972, con sucesivas reimpresiones. En Obras Completas (Trilogías I), vol. VI, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997. Edición facsímil de la edición príncipe por la Caja de Ahorros del Mediterráneo, Murcia ,2002. Alianza Editorial sacó una edición en 2004, dentro de la “Biblioteca Baroja” y por último RBA la ha publicado en 2010 en Barcelona.
La novela, como hemos visto, tuvo varias ediciones desde su publicación en 1902 hasta 2010, por lo tanto se ha leído. Y la crítica le fue favorable, de tal forma que Baroja con la publicación de Camino de perfección quedó consagrado como novelista tanto ante los jóvenes escritores, como ante los maestros, como Valera, Galdós, Ortega Munilla y otros. Sin embargo no ha sido una de las novelas que más se haya leído de Baroja, ni que haya recibido una atención exhaustiva de la crítica.
Baroja en el “Apéndice I” (al final de la edición de Caro Raggio, 1994) dice.

 “Camino de perfección produjo cierta cólera en algunos lectores. Un crítico del Diario de Barcelona dijo (…) que yo era un mico, un obsesionado por el erotismo. En cambio a un profesor austriaco le repugnaba en este libro la preocupación religiosa, y un amigo suyo y mío me decía que al leerlo lo había tirado varias veces al suelo con rabia.
¡Tanta campana!¡Tanta iglesia me da asco!, decía el austriaco”

Como vemos opiniones dispares la del crítico de Barcelona por el desmedido erotismo y la del profesor austriaco por la excesiva preocupación religiosa. La novela escandalizó a los beatos y enardeció a los incrédulos, lo que hizo que unos 40 años más tarde, durante el franquismo, fuera la novela más censurada de Pío Baroja.
En cuanto a las innovaciones narrativas, Camino de perfección, comienza con la voz narrativa en 1ª persona en los dos primeros capítulos, por un narrador-testigo, que miraba a Fernando con el afecto de un amigo, con quien conversa en los pasillos de la facultad y recorre con él los círculos culturales de Madrid; luego del capítulo III al XLVII toma la palabra un narrador omnisciente, que se distancia de nuestro protagonista en busca de un relato de mayor objetividad. Cerca ya del final de la novela aparece una especie de diario o cartas de Fernando, con lo que el autor va a ser un mero copista. Baroja, pues, cambia el punto de vista de la omnisciencia narrativa a la 1ª persona del diario de Fernando Ossorio, que es quien explica la decisión de casarse con Dolores. Desde luego nada más que se produce el cambio de narrador de la 3ª a la 1ª persona, sorprende el tono de energía vital del protagonista: “vivir y vivir…ésa es la cuestión” (XLVI, 281); y lo que predomina ahora es el bienestar y el equilibrio.
Baroja, pues, innovó, recogiendo la labor iniciada por sus predecesores con algunos ecos del naturalismo y sobre todo con tintes modernistas. Estas innovaciones tienen su base en el argumento fragmentado al principio de la novela y el cambio de punto de vista.
Camino de perfección es una obra pesimista en sus tres cuartas partes. El protagonista recorre los caminos de Castilla y va expresando su visión de España. Fernando Osorio, a su vez, es un personaje decadente, aquejado del ‘mal del siglo’, que consistía en la pérdida de valores morales, escepticismo, pesimismo, insatisfacción, decadencia, desconfianza de los gobernantes, desánimo, melancolía y abulia. (No sé si hay cierta coincidencia con los males actuales a 12 años del cambio de siglo).
Cuando F. Osorio se hospeda (capit XII) en una posada de la carretera de Francia, “en el cuarto que le destinaron había colgadas de la pared una escopeta y una guitarra, encima un cromo del Sagrado Corazón de Jesús. Ante aquellos símbolos de la brutalidad nacional, comenzó a dormirse” (XII, 86), comenta el narrador, señalando la decadencia nacional.
El protagonista va a visitar al gobernador civil en Toledo y en el despacho hay un retrato al óleo de Alfonso XII:

“Es un retrato que tiene historia. Fue primitivamente retrato de Amadeo (de Saboya), vestido de capitán general, vino la república, se arrinconó el cuadro y sirvió de mampara a una chimenea; llegó la Restauración y el gobernador de aquella época mandó borrar la cabeza d Amadeo y sustituirla por la de Alfonso (…). Es el símbolo de España” (XXVII, 169).

Y así resume el narrador el ambiente social de Toledo:

 “Los caciques dedicados al chanchullo; los comerciantes al robo; los curas, la mayoría con sus barraganas, pasando la vida desde la iglesia al café (…), lamentándose del poco sueldo; la inmoralidad reinando; la fe ausente y para apaciguar a Dios, unos cuantos canónigos cantando a voz en grito en el coro, mientras hacían la digestión de la comida abundante, servida por alguna buena hembra”(XXII, 147-147).

La descripción de Yécora (trasunto de la provincia española, la Carbajosa de Doña Perfecta de Galdós) es muy negativa y abarca tanto a políticos, sociedad civil como a la iglesia, dice el narrador:

 “El arte ha huido de Yécora (…), le ha dejado en brazos de una religión áspera, formalista, seca, entre las uñas de un mundo de pequeños caciques, de leguleyos, de prestamistas, de curas, gente de vicios sórdidos y de hipocresías miserables (…). La vida en Yécora es sombría, tétrica, repulsiva, no se siente la alegría de vivir” (XXXIII, 208).

Todo esto cambiará cuando llegue a las tierras de Levante, no a las amanchegadas de Yécora, donde Fernando Osorio culminará su camino de perfección con el matrimonio con su prima Dolores y con su hijo, en quien fija sus esperanzas de futuro.
La novela plantea una determinada atmósfera cultural y espiritual agónica en el cambio de siglo, así la pequeña burguesía del innominado pueblo costero de Castellón abomina de la República y del sistema democrático: “Mi tío es especialista en vulgaridades democráticas. Mi tío es republicano. Yo no sé si hay alguna cosa más estúpida que ser republicano, creo que no la hay, a no ser socialista y demócrata” (l, 294). Y aunque Baroja escribiera esto en boca de Fernando Osorio, a modo de provocación, fue involuntariamente precursor, pues otros propusieron, años más tarde, el levantamiento en armas. Sin duda, el Baroja de 1902 era un novelista que deseaba una España más próspera y más justa. Baroja fue consciente de que se hallaba en una época de transición desde una vida sencilla, a la vida compleja de la modernidad y el progreso. En esto también fue precursor, su malestar es el de un mundo agonizante que no encuentra caminos para trazar un proyecto de vida y convivencia en torno a los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Bibliografía:

Ares Montes, José, >>Camino de perfección o las peregrinaciones de Pío Baroja y Fernando Osorio<<, en Cuadernos Hispanoamericanos, 265-267, julio-septiembre, 1972 (pp481-492).

Baroja Pío, Camino de perfección, Editorial Caro Raggio, Madrid, 1993 (Edición conmemorativa de centenario del nacimiento de Pío Baroja)

-: Memorias III. Final del siglo XIX y principios del XX, Editorial Caro Raggio, Madrid, 1945

Díaz-Plaja, Guillermo, Modernismo frente a 98, (Prólogo de Gregorio Marañón), Selecciones Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1979

Martínez Ruiz, José (Azorín), La voluntad, Edición de Inman Fox, Clásicos Castalia (5ª edición), Madrid, 1989

Miró Emilio, >>En torno a Camino de perfección<< en Cuadernos Hispanoamericanos, 265-267, 1972 (pp. 517-5309.

Show Donald, La generación del 98, Editorial Cátedra (5ª edición), Madrid, 1985.

Urrutia Jorge, La pasión del desánimo. La renovación narrativa de 1902, Biblioteca Nueva, Madrid, 2002.

-: >>Las novelas de 1902 en el contexto europeo<<, en Ínsula, 665, mayo de 2002.



Madrid, 15 de mayo de 2012





1 .Ares Montes José, >>Camino de perfección o las peregrinaciones de Pío Baroja y Fernando Osorio<<, en Cuadernos Hispanoamericanos, 265-267 (julio-septiembre, 1972), pp. 482.483

2. Martínez Ruiz, José, Azorín, La voluntad, Edición de Inman fox, Clásicos Castalia, (5ª edición), Madrid,1989 (p. 216)

3. Show Donald, La generación del 98, Editorial Cátedra, 5ª edición, Madrid, 1985 (p. 137)

4.Baroja Pío, Camino de perfección, Editorial Caro Raggio, Madrid, 1993, (Edición conmemorativa del centenario del nacimiento de Pío Baroja). Todas las citas textuales serán de esta edición señalando el capítulo y la página (p. 355)

5.Díaz-Plaja Guillermo, Modernismo frente a 98, Selecciones Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1979 (p.15)

6. Baroja Pío, Memorias III. Final del siglo XIX y principios del XX, Editorial Caro Raggio, Madrid, 1945 (pp. 187-188).

7. En la realidad Max Schutze es Pablo Schmitz, dice Baroja:
“Por este tiempo se presentó en Madrid un suizo que se hizo amigo mío, pablo Schmitz, de Basilea (…) con Schmitz hice algún viaje. Estuve en Toledo, en El Paular, en las fuentes de Urbión (…) En el monasterio de El Paular solía leer Schmitz en voz alta una correspondencia de Nietzche”, en Apéndice II, p. II de Camino de perfección

8..Ares Montes José, >>Camino de perfección o Las peregrinaciones de Pío Baroja y Fernando Osorio<<, en Cuadernos Hispanoamericanos (julio-septiembre), nº 265-267, 1972 (p. 507)

9. El hecho de producirse el cambio de la 1ª a la 3ª persona también se da en La voluntad de José Martínez Ruiz (3ª persona en las partes 1ª y 2ª; y 1ª persona en la tercera parte), la más breve. En Camino de perfección, este tipo de narración en 1ª persona es breve, 10 capítulos, que son cortos o muy cortos.