lunes, 3 de marzo de 2014

LA REVISTA ESPADAÑA (1944-1951).- LEÓN



                                      (A Dionisio Robla, amigo. IN MEMORIAM)         
                                                                         

                                                  




                                                         El Espadañismo



Eugenio de Nora conoce a Victoriano Crémer a principios de los años cuarenta en la Biblioteca Azcárate, cuyo director era el sacerdote don Ángel González de Lama. Victoriano Crémer ya era una persona relativamente conocida, más por sus actividades políticas durante la guerra que por su pluma. El magisterio de don Antonio G. de Lama adquiere notoriedad y pronto de 6 a 8 de la tarde, comienzan a acudir jóvenes y adultos para consultarle temas relacionados con la cultura. De algunos de aquellos visitantes de la biblioteca Azcárate, terminada la guerra, surge la tertulia Azcárate, génesis de la revista Espadaña. Crémer lo refiere así:

En torno del bibliotecario de “Azcárate” se reunieron gentes muy diversas, atraídos por la dotación singular del cura, como por su generosa donación de saberes…Todos los días jueves, que diría Vallejo, se formaba la pequeña Academia, así que se cerraba el tiempo de lectura en la Biblioteca y se leían versos, se comentaban libros, se formaban opiniones. Los más asiduos eran: Eugenio de Nora (…), Pilar Vázquez Cuesta, Josefina Rodríguez, casada con el escritor Ignacio Aldecoa, José Castro Ovejero, Victoriano Crémer…como complemento, que no suplemento, acabaron por incorporarse al “clan”, Luis López Santos…Manuel Rabanal y Eloy Terrón1


La habitación donde se celebraban las tertulias fue llamada por ellos: ‘el infierno’ de la biblioteca, pues allí estaban ‘condenados’ los libros prohibidos o considerados peligrosos por el régimen. Naturalmente estas tertulias iban a desembocar en una revista, sin embargo unos acontecimientos previos van a suponer el antecedente directo de Espadaña, me refiero a las colaboraciones literarias del grupo en la revista Cisneros nº 6, del Colegio Mayor del mismo nombre de Madrid.

En efecto, en el otoño de 1942, Eugenio de Nora se traslada a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, carrera que había sido recomendada por don Antonio, tanto a él como a sus padres. Y en Madrid se instala en el Colegio mayor “Cisneros”, “La Residencia de Estudiantes”2, que había sido cerrada en 1936 y reabierta como Colegio Mayor; allí Nora entabla amistad con los compañeros que tienen inquietudes literarias y en 1943 comienza a publicarse una revista Cisneros, dirigida por Sánchez Bella, siendo encargado de la sección literaria:”Artes y Letras”, Eugenio De Nora. Con él se encontraban otros jóvenes, que serían poetas de renombre, como José Mª Valverde o Blas de Otero.

El primer número de la revista Cisneros salió en enero de 1943 y en ella había poesía, narrativa, crítica literaria y noticias y ya desde el número 4 (julio de 1943) dice Nora: “Polemicé incluso agresivamente con Garcilaso3, publicación de la “Juventud Creadora”, que se reunía en el Café de Gijón de Madrid, dicha revista había visto la luz el 13 de mayo de 1943.

Esto dice Nora en el citado nº 4 de Cisneros p. 85:

”Rotulada con el nombre de nuestro poeta-soldado, y sostenida por un grupo de juventud creadora, acaba de aparecer el primer número de esta revista (Garcilaso) de verso y prosa (…).No se perciben cualidades exigibles a cualquier grupo de jóvenes: afán de renovación y de superación, apasionamiento, desdén hacia cualquier forma de virtuosismo crítico. Al contrario, justamente en eso-en virtuosismo- se quedan casi todos los sonetos que publica Garcilaso (…) llamaríamos a toda esa poesía engolada, sin sangre, presumida, de mal gusto (…). Recuerda a esos muchachos demasiado bien afeitados, con el cuello demasiado duro y demasiado “fijador en la cabeza”.

De estas palabras se desprende que ya desde el primer número de Garcilaso, Nora presiente una oposición radical entre la ideas poéticas de “Juventud Creadora” y el pensamiento “pre-espadañista” leonés.

La respuesta de Garcilaso a la crítica de Eugenio de Nora desde Cisneros, no se hizo esperar y en su segundo número publican un editorial que alude a los ataques del poeta leonés; y lo que en un principio iba a ser una pugna de grupos y revistas pasó a convertirse en un asunto personal entre García Nieto y Eugenio de Nora y ante tal contestación “garcilasista”, Nora pidió ayuda a sus amigos y contertulios de la Biblioteca “Azcárate”: Victoriano Crémer, Don Antonio González de lama y Rafael Benítez Claros, que acuden con sus colaboraciones para ayudarle. En el nº 6 de Cisneros escribe Nora una nota refiriéndose a la polémica con Garcilaso y explica el motivo de la incorporación de estos tres nombres en la polémica. La nota lleva por título: “Un suelto sin firma” (pag. 120):


El nº 4 de Garcilaso publica un suelto en el cual, con la mayor decisión, se asegura que desde Cisneros me he metido violentamente con el director de aquella revista, Sr. García Nieto, y a renglón seguido, parece que como revancha, me llama “descamisado” y otras cosas (…) .Mi nota se refería exclusivamente al tono general de unos versos que consideré-y sigo considerando-vacíos e insuficientes para hombres auténticos de cualquier época, y sobre todo para hombres capaces de vivir la nuestra. Di una opinión sobre los poemas aparecidos en una revista, no sobre sus colaboradores, y mucho menos, naturalmente como personas (…), y concluye: Aunque no guardo el menor rencor a los bromistas de Garcilaso, prefiero no ser yo quien hable hoy de su revista. Cedo, pues, la palabra a un querido maestro para que con su amplia mirada comprensiva nos instruya una vez más, abordando (oh, manes de mi fuerte Virgilio, que por ambicioso y genial no serías hoy sonetista barroco) asuntos más elevados”. E. de N.


Y a continuación toma la palabra Antonio G. De Lamas (sic) con el famoso artículo: “Si Garcilaso volviera…”

Don Antonio en el último párrafo de su artículo parodia los versos de una canción de Rafael Alberti, en clara referencia a la revista Garcilaso, de “Marinero en tierra” (Premio Nacional de Literatura en 1925):

Si Garcilaso volviera / yo sería su escudero; / que buen caballero era”.4 (…)

Y comienza el artículo don Antonio:

“Tengo ante mí cuatro números de una nueva revista de poesía nombrada Garcilaso y apellidada “Juventud Creadora”. No es mal signo Garcilaso para presidir el zodiaco de la poesía juvenil (…). Y buen apellido es también el de “Juventud Creadora”, pues toda poesía es creación y más si esa poesía es o quiere ser juvenil”.

Sigue don Antonio haciendo un recorrido por los 40 primeros años del siglo XX y manifestando que a diferencia de otros géneros literarios la poesía ha alcanzado cotas muy altas, solo equiparable al Siglo de oro. Dice: “Han sido 45 años de producción ubérrima, sin un momento de quietud, en continuo cambio, en constante afán de superación” (pag. 122).

Habla del colapso de 1936 por la guerra y de las dos líneas poéticas anteriores a 1936: la romántica que era la salida natural del superrealismo y la clasicista, de entronque tradicional (Garcilaso, Góngora), caracterizada por el pudor y la asepsia, cuidado exquisito de la forma y retorno a la estrofa. Y ya se ocupa de la revista Garcilaso y sigue:

¿Y qué es lo que estos jóvenes prefieren? A primera vista se ve que casi todos se inclinan a la métrica tradicional; miden los versos y los encajan en estrofas regulares: Hay octosílabos… Hay romances, liras, décimas y sonetos, muchos sonetos, demasiados sonetos” (Ibidem). Es, pues, una revista en la que domina el tono moderado, comedido, de gran atención a la forma, muy elaborada. Naturalmente, esto da frialdad y monotonía a los versos.

Por eso en lugar de la evasiva y fría primavera del endecasílabo: “es apetecible hallar en la poesía moderna un poco menos de forma y un poco más de vida (…). Menos perfección estilística y más ubicación anímica. Vida, vida, vida. Que, sin vida, todo está muerto. (Axioma de Perogrullo)”(Íbidem). Y en este párrafo se encuentran las raíces de toda una poética posterior, iniciada en Espadaña y continuada por los poetas verdaderos.


Podemos ver tres cualidades que definen la auténtica poesía según González de Lama: Vibración humana frente a artificio, lenguaje directo (“gritos”) frente al retoricismo y transmisión de contenidos vitales frente a una arquitectura muda.

Y concluye el artículo don Antonio:

“Puede volver Garcilaso. Pero hoy por hoy no tiene nada que hacer. En el siglo XVI era necesario dar a la poesía tono y norma, pulcritud, lima. Hoy esto es lo que sobra. Y lo que falta es la espuela que aligere corceles poéticos que irrumpan piafantes y briosos en el campo excesivamente florido de nuestra poesía. Si Garcilaso volviera, yo no sería su escudero, aunque buen caballero era”.5


Pero, ¿cómo valoramos este artículo a la altura de 1943? ¿Es un manifiesto para la futura “Espadaña”?

Para Víctor García de la Concha, este artículo “Puede ser considerado como el primer manifiesto espadañista, aunque esto no estuviera por entonces en la mente del autor”6. Fanny Rubio estudiosa del tema califica de “articulo clave… que se puede considerar el primer manifiesto espadañista”7. No cabe duda que el artículo que comentamos fraguó las bases de la futura revista (Espadaña) y lo que ésta propuso a los poetas españoles. No obstante, el cambio poético ya se venía produciendo en España de forma general, pero no se había encontrado el camino. El anti-garcilasismo no fue exclusivo de los preespadañistas y luego de Espadaña; otras revistas como Corcel de Valencia o Entregas de Poesía de Barcelona se habían opuesto a la lírica de cartón piedra de Garcilaso, aunque no con tanto acierto.

Unos meses después, en mayo de 1944, saldría la revista Espadaña y llevaría a la práctica las ideas poéticas contenidas en el “manifiesto” de don Antonio. El garcilasismo comienza a declinar, entre otras cosas por la pujanza de Espadaña y por la publicación de “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso y Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre en 1944. Estos poetas sientan las bases de la nueva lírica con un contenido y una expresión más humana y más desgarrada, alejada de la retórica y del formalismo garcilasista.

Además del artículo: “Si Garcilaso volviera…” de González de Lama, Eugenio de Nora en la sección >>Saetas a la poesía se<< ocupa de la poesía de Crémer y se expresa en estos términos:

¡Qué dureza, qué agresividad, qué violencia tan brutal y qué desgarramiento doloroso del hombre ante un mundo indiferente o enemigo! ¡Qué magníficos cantos de hombre de estepa, de poeta de campos de tierra sola! ¡Qué barroquismo atormentado y aristado de la cepa más castiza!8


Victoriano Crémer escribe, también, en la misma sección que Nora una reseña sobre la revista valenciana Córcel y aprovecha para exponer sus ideas poéticas y hace alusiones claras a Garcilaso y ve como única solución a esa lírica fina y formalista, la autenticidad y la fe en uno mismo, dice.

Se impone urgentemente, ante todo, nutrir a los poetas en la idea esencial de la fe en su propia poesía… Acercarles a la lengua de las afiladas palabras, rojas de lumbre… la Poesía es el más alto, difícil y peligroso quehacer del hombre entero y verdadero9.


Rafael Benítez Claros también escribe un artículo titulado, >>Una poesía de esta hora<<, y su postura queda bien clara, rechaza el garcilasismo y propone una poesía humanista y menos preocupada por la forma, dice:


Una poesía consciente de cuanto nos ciñe, ha de ser, ante todo, eso: Actualidad viva, conocimiento del peligro y la ventaja de ser precisamente “ahora” voz solitaria capaz de convocar y no a lo sumo hacer irisar a una lágrima o de cumplir las exigencias de un oído afinado. Una poesía afirmativa, hondo el conocimiento, condensada y potente.10


Nora, por su parte, en la entradilla-editorial de ARTE Y LETRAS,: “Qué queremos”, se muestra conciliador y renunciaba-su grupo- a mantener viva la polémica, lo único que les importaba era la autenticidad. “Pedimos autenticidad sobre todo”.

En los primeros años cuarenta España sufría una auténtica desolación intelectual. La guerra había empujado al exilio a muchos escritores y artistas, había condenado al silencio a otros y a la inhibición a los restantes. En este panorama va a nacer la revista Espadaña, que va a traer la revolución poética y cultural a León y a proyectarse al resto de España. Pero, ¿por qué surge la idea de crear una revista de poesía? Pues el grupo que se reunía en la Biblioteca Azcárate y mantenía tertulias no veía con buenos ojos el desarrollo de la poesía española, demasiado retórica y formalista. Ya se ha visto la polémica mantenida con Garcilaso. El texto de González de Lama: “Si Garcilaso volviera…” se convierte en declaración de principios, en una especie de manifiesto poético. Entonces para dar salida a sus inquietudes poéticas, para significarse en los ambientes literarios de la época, deciden publicar una revista.

Dice Nora: “Espadaña, empezando por el nombre, surgió de las innumerables reuniones, tertulias y largos paseos desde la biblioteca Azcárate hasta San Marcos”11. El nombre de Espadaña lo propuso Crémer, aunque fue sometido a votación. Luego comenta Crémer: “Nadie corrigió al investigador cuando (…) dejó constancia de que se prefirió “Espadaña”(como título) por su vinculación al paisaje leonés y su analogía de forma de espada”12. De todos es conocida la costumbre de engalanar las calles con espadañas por el “Corpus Cristi” (Morirás…/sintiendo/ la carroza olorosa de los Corpus) y por las fiestas sacramentales de cada pueblo en la estación. (Se barrían las calles, entonces de tierra, y se adornaban con espadañas enteras o partidas).

Una vez elegido el nombre de la revista, con lo primero que tenían que contar era con la autorización oficial para poder publicarla, y se decidió que la persona idónea era el joven estudiante Eugenio de Nora; ya que Crémer tenía antecedentes políticos. Así pues se cursa la solicitud a nombre de Eugenio García de Nora. El objeto de la publicación era contribuir al desarrollo de la poesía española y recoger las aportaciones de los jóvenes de la provincia. Figuran, también, en la solicitud el nombre y la profesión de los redactores: Antonio González de Lama: sacerdote, León, Eugenio García de Nora: Estudiante, Madrid, Victoriano Crémer Alonso: Escritor, León. La solicitud fue presentada en la Delegación de Prensa y Propaganda de León, concediéndose la autorización para la publicación en mayo de 1944, y ese mismo mes salió el primer número de ESPADAÑA: Revista de Poesía y Crítica.León.Mayo,1944.

Por lo tanto, ya podemos establecer que el grupo fundacional de Espadaña estaba integrado por Antonio González de Lama: editorialista y crítico, Eugenio de Nora, poeta y crítico, y enlace con las figuras poéticas de Madrid, dado que estudiaba en Madrid; José Castro Ovejero, músico, con una sección :”Filosofemas” y administrador de la revista; Victoriano Crémer, poeta y crítico, además se encargó de confeccionar materialmente la revista, dada su condición de tipógrafo. También se incluyeron a última hora y por una cuestión de respetabilidad local a Luis López Santos, sacerdote y Director del I.N.B. “Padre Isla” de León y Manuel Rabanal, catedrático de Griego en el mismo Instituto. Ambos catedráticos, adeptos al régimen, tenían buenas relaciones con los políticos provinciales y eran el mejor aval ante las autoridades y ante los futuros lectores de la revista. Más tarde se incorporaría, como colaborador, Luis López Anglada, militar y poeta. La revista, pues, saldría a la luz sin ningún tipo de apoyo oficial ni institucional.

El primer número sale en mayo de 1944 y el la portada, junto a la alegoría de una espadaña en tinta verde (dibujo de Santiago Eguiagaray), hay un poema anónimo, seguro de Victoriano Crémer, titulado de igual forma: ESPADAÑA. “Alamedas de mi sangre”, que por su significado y por la belleza expresiva y por haber citado algún verso al glosar el nombre de espadaña vamos a reproducirlo aquí:

ESPADAÑA

Alamedas de mi sangre”

Tiranía del aire y de la noche; / un seno oscuro y hondo te prodiga/su verde sangre, trepando fríamente.


Impasible espadón; segura guarda/ de esa fresca manada de cristales/ que mansamente embiste tus raíces.


Si no fueran tus filos vigilantes/ la luz se nos daría agobiadora/ y el silencio sería un buey mugiente.


Tu torso de mancebo en plenilunio/desnudamente crece y se enamora/ como un mármol o dios arrebatado.


Morirás estrenando soles nuevos/ y sintiendo pesar sobre tu cuerpo/ la carroza de los Corpus.”


Se abre el número 1 con la sección de “Críticas y Notas” en la que se informa de la próxima publicación de dos libros importantes. “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso y “Sombra del paraíso” de Vicente Aleixandre. También se da noticia de la inminente publicación de un libro de poesía de Victoriano Crémer: “Tacto Sonoro”. Acaba de nacer Espadaña (1944-1951) publicando 48 números. Un largo camino para una revista de poesía, que encontrará dificultades, pero también será uno de los pilares fundamentales de la poesía de posguerra.

Victoriano Crémer en el nº 1 de Espadaña hace una previsión de cual va a ser la función de la revista en estos términos:

Va a ser necesario gritar nuestro verso actual contra las cuatro paredes o contra los catorce barrotes soneteriles con que jóvenes tan viejos como el mundo pretenden cercarle, estrangularle” (“España limita al Este”) y aunque hace referencia a Garcilaso (los catorce versos soneteriles) y a su preocupación por la forma, que es contrario a “nuestro verso, desnudo y luminoso, sin consignas y sin necesidad de colocarnos bajo la advocación de ningún santón literario: aunque se llame Góngora o Garcilaso”13.


Víctor García de la Concha opina que Espadaña surge como medio de darse a conocer Crémer y Nora, dos poetas que alumbraban con luz propia. Crémer no acepta esta idea y dice que Espadaña no surgió ni como oposición a Garcilaso, ni mucho menos como medio de darse a conocer ellos dos como poetas. Espadaña nació, como se ha dicho, de la evolución lógica del panorama poético español, ya iniciado por la Generación del 27.

Nora, por su parte, ha escrito sobre las relaciones de las dos revistas, Garcilaso y Espadaña:

No se trató de un enfrentamiento de revistas, ni de grupos poéticos agrupados en torno a ellas. El debate al nivel de las ideas, era el de la inacabable controversia entre poesía elusiva, halagadora, formalista, elaborada por poetas-artífices, y poesía de contenidos, comprometida, expresionista, patética: concorde (pensábamos todos) al tiempo que vivíamos.14


El profesor Francisco Martínez García referente al nacimiento de Espadaña dice: Espadaña se gestó como tertulia, nació y floreció como revista y dio sus frutos como tendencia”15. Espadaña, pues, fue una tendencia poética abierta a todos, que encontró su justificación histórica en el momento que le tocó vivir y en la necesidad de rehumanizar la poesía de los años 40, en una situación social de posguerra, con la que los poetas de contenido estaban comprometidos. Estos poetas generan una poesía de queja y de dolor no afectados por las lágrimas, sino aguijados por el grito y la lucha incansable contra una realidad palmariamente injusta.

Y Victoriano Crémer, además de hacedor de Espadaña, muestra en sus libros de poesía (Tacto Sonoro, Caminos de mi Sangre) una actitud rebelde frente a la angustia vital del hombre y su resignación. La poesía de Crémer nace de la adaptación del verso a la forma coloquial y se desarrolla con el mundo en que se produce, su poesía nos hace sentir si sincera emoción humana. Cada poema de Crémer es el hombre en presencia poética.

Unos conocidos versos de Antonio Machado, presente en los postulados poéticos del grupo de Espadaña, revelan que la poesía es una gran lección de sinceridad o no es nada:

Tal vez la mano, en sueño, / del sembrador de estrellas, / hizo sonar la música olvidada/ como una nota de la lira inmensa, / y la ola humilde nuestros labios vino/ de unas pocas palabras verdaderas16.



Estas pocas palabras verdaderas machadianas, hacen que el poema tenga un acento de sincera humanidad y esta ha sido la pretensión del grupo de Espadaña

Ofrecemos ahora una breve muestra de la poesía espadañista:

POÉTICA

A V. Crémer

Existen muchas leyes como estatuas

En tierra derribadas, abolidas,

Y otra vez luego en pie, fantasmas fríos,

Trabas, mordazas, bridas.



Sobre tantos modelos, normas quieren,

Extensos cementerios habitando,

En lo libre, la luz, no lo olvidemos,

Espera, está esperando.



¡No lo olvidamos, nunca olvidaremos!

Así, pues, vivos, fieles a un destino,

El verso apasionado descorchamos

Libérrimo y sin tino.



Entre álamos mecidos y aire verde,

Escapándose fúlgido al combate,

El verso raya fiel en el misterio,

Fiel siempre al hombre, al corazón que late.

Eugenio de Nora

(Espadaña nº 7)



*** *** ***



ELEGÍA DEL REGRESO



Después de tanto andar y tantos vientos

Recogidos al paso,

Vuelvo a la casa, a la familia, al hombre

De mi costumbre.

(…)

Te hablo

Como el amigo que se encuentra camino del hogar

Y, andando,

Se van diciendo las cosas que nos saben

A costumbre: el pan, el tiempo, los trabajos

Del vivir

¡España! España! ¡España abierta!

Piso

Tus calles, luego existo…

Y canto.


Victoriano Crémer



*** *** ***

POESÍA

Medito a veces en la triste

Materia de mi canto

(…)

Pienso:

Cómo desamo yo, cómo desprecio

A esos cobardes envenenadores,

Vendedores de sueños, los que ponen

Tul sobre lepra, ilusión sobre engaño, iris

Donde no hay más que muerte.

Esclavos; menos aún: bufones de esclavos.

(…)

Lo que precisamos

Es una luz, es un desnudo brazo

Que señale las cosas: pues belleza es eso:

Gesto, mirada, abrazo

De amor, a la verdad profunda de las cosas.

(…)

Eugenio de Nora

(Espadaña nº 28)



Madrid, 19 de febrero de 2014




 

 
1 .- Peña Labra nº 14, Santander, 1974-1975

2 .- La Residencia de Estudiantes (1910-1936), de la calle Pinar, 21, dirigida por Alberto Jiménez Fraud y con residentes ilustres como Lorca, Dalí y Buñuel, pero también Severo Ochoa, Grande Covián, el doctor Negrín o Juan Ramón Jiménez y José Moreno Villa.

3 .- Nora, Eugenio de , >>Espadaña y los espadañistas<<, en Literatura contemporánea en Castilla y León, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1986, p. 56

4 .- Alberti, Rafael, Marinero en tierra. La amante. El alba del alhelí, Clásicos Castalia, Madrid, 1977, p. 134

5 .- González de Lama, Antonio, >>Si Garcilaso volviera…<<, en la revista Cisneros nº 6, Madrid, 1943, p. 124

6 .- García de la Concha, Víctor, La poesía española de posguerra. Teoría e historia de sus movimientos, Prensa Española, Madrid, 1973, p.309

7 .- Rubio, Fanny, Las revistas poéticas de posguerra (1939-1975), Turner, Madrid, 1976, p. 260

8 .- Nora, Eugenio de , >>Saetas a la poesía<<, en Cisneros nº 6, p. 115

9 .- Ibídem, p. 117

10 .- Ibídem, p. 119

11 .- Artículo citado: >>Espadaña y los espadañistas<<, p.58

12 .- Crémer Victoriano, >>Espadaña a la vista<<, en el Facsímil de Espadaña, León, 1978, p. XXVIII

13 .- Crémer. Victoriano, >>España limita al Este<<, en Espadaña nº 1, 1944

14 .- Nora, Eugenio de, >>Espadaña, 30 años después<<, en Espadaña, revista de poesía y crítica, Edición Facsímil, León, 1978, p.X.

15 .- Martínez García, Francisco, Historia de la literatura leonesa, editorial Everest, León, 1982, p. 653

16.- Machado Antonio, Poesías completas (Edición de Manuel Alvar), Espasa-Calpe, Madrid, 2004. De Soledades (1899-1907), Galería LXXXVIII, p. 145