lunes, 18 de enero de 2016

ELOGIO DE LA CRÍTICA URGENTE





                               Yo diría que la crítica literaria enriquece la literatura

                                                         JORGE LUIS BORGES





La labor del crítico literario consiste en informar sobre la obra que juzga; tiene que interpretarla: cuál es su mensaje, qué nos transmite, cuáles son las innovaciones formales y por último valorarla.

Si seguimos el criterio de Dámaso Alonso (Poesía Española, Gredos, 1993), dice que el primer conocimiento de la obra literaria es la intuición del lector.

Las obras literarias no se escriben para los comentaristas y para los críticos, sino para el lector; y continúa Dámaso Alonso: a ambos lados de la obra literaria hay dos intuiciones: la del autor y la del lector.

Pero hay un segundo conocimiento de la obra, el del crítico, que es un lector con una capacidad de lectura muy intensa. Sería, pues, el lector excepcional que tiene una capacidad intuitiva, totalizadora sobre la obra que lee; y, además, tiene una gran capacidad expresiva, comunicativa y de escritura de esas intuiciones y las transmite. Así pues, informa, interpreta y valora y su juicio sirve de guía para los lectores.

El crítico es ese lector ideal, que frente a una obra literaria auténtica, llegará a una intuición semejante a la que expresó el autor; y frente a una obra inauténtica descubrirá, en seguida, la falta de intuición artística por parte del creador. La misión del crítico consistirá en discernir entre una obra literaria y un producto meramente editorial. Pero, ¿cómo tiene que ser el crítico, ese lector ideal? Pues, lógicamente, tiene que tener una sólida formación literaria y un abundante caudal de conocimientos y un gusto literario muy educado.

Todos los teóricos de la crítica literaria urgente manifiestan, que el crítico no tiene que perder la ingenuidad del lector (la intuición de D. Alonso), la primera impresión de lectura y a partir de ahí enriquecerla con razones críticas y técnicas y adentrarse en la complejidad de la obra literaria.

El crítico no debe ‘contar’ la obra, sino analizar su estructura, sus rasgos literarios nuevos y hacer un juicio valorativo final.

Por otra parte, el crítico tiene que ser un buen escritor, tiene que transmitir con claridad técnica la valoración crítica, sin jergas.

Otro asunto que nos interesa dilucidar entre las funciones del crítico sería primordialmente separar el grano de la paja, es decir, las obras literarias de los productos editoriales. Debe prevenir al lector de la publicidad de las editoriales, que incluso en colecciones de prestigio, colocan un éxito de ventas.

A veces el enfoque interpretativo de una obra literaria varía mucho de un crítico a otro y ello ha dado pie a la corriente de las lecturas múltiples, tantas como lectores, no todas las lecturas, ni las interpretaciones son igualmente aceptables.

La función del crítico tiene un alcance social, por lo tanto prodigar elogios a diestro y siniestro para no crearse enemigos, perjudica a las obras de calidad y borra toda jerarquía estética. Tampoco es cuestión que el crítico se dedique a repartir mandobles por doquier, sino que debe mantener unos postulados estéticos e ideológicos y ser ponderado en sus juicios.

Otro aspecto importante de la crítica son las publicaciones en las cuales el crítico ejerce su función orientadora, que normalmente son los suplementos literarios o culturales de los periódicos (ABC, EL CULTURAL, BABELIA, LA RAZÓN, LA VANGUARDIA), y aquí ya topamos con los intereses de los grupos editoriales, diarios que pertenecen a un grupo editorial o la dependencia de los contratos de publicidad, la competencia entre editoriales etc.; por lo tanto el primer crítico es la redacción del periódico aceptando o silenciando una obra.

También hay que tener en cuenta que estos suplementos trazan el panorama de las novedades semana a semana, con lo que la labor del crítico se ve sometida a plazos muy breves, de ahí crítica urgente, también llamada militante.

Esta crítica también se ejerce en las revistas culturales, donde con algo más de calma se escriben reseñas y críticas de libros, destinadas a un público menos numeroso. Estas revistas son, entre otras: Cuadernos Hispanoamericanos, Revista de Occidente, Ínsula, Quimera, Archipiélago.

El crítico tiene que ser exigente con los escritores de prestigio. Debe desmitificar a los escritores, cuyo prestigio de debe a razones extraliterarias y distinguir entre obras buenas o menos buenas de un escritor consagrado.

Sin embargo con los escritores que empiezan debe ser exigente, pero benévolo, no vale la pena hacer críticas muy negativas. Todo creador merece un respeto, aunque solo sea por aspirar a saltar la gran muralla que lleva a la literatura de calidad.

Por último la profesión de crítico no se estudia en ninguna facultad, el crítico es autodidacta; aunque una sólida formación académica es muy importante; pero serán las lecturas, la intuición y el buen gusto literario, los que le llevarán a escribir buenas críticas.